Amar lo que se hace y hacer lo que se ama

Todos en el fondo sabemos, o al menos tenemos una idea, de lo que realmente amamos hacer. Aquello a lo que dedicaríamos alma, vida y corazón, sin cansarnos o aburrirnos. Eso que haríamos hasta de gratis. Para unos está relacionado con los deportes o con la ingeniería. Para otros, con el arte o la facilidad de enseñar o comunicar. Sea lo que sea, siempre hay algo que nos mueve hasta la última fibra. Lo que nos impulsa a aprender cada vez más.

Hay gente que está consciente de sus múltiples pasiones e incluso, se dedican a desarrollar con gran habilidad varias de ellas a la vez. Sin embargo, también hay personas que creen que nacieron sin ningún talento. La presión social que todos hemos experimentado desde niños por ser exitosos y ser “alguien en la vida” puede resultar tan abrumador que más bien, nos puede alejar del verdadero propósito. 

“Estamos aquí para ser una voz y no el eco de alguien más.” -LD Castro.

 

Ahora, somos conscientes de que vivimos en una realidad en la que todos tenemos cuentas por pagar y necesidades básicas que cubrir. Además, hemos crecido cargando pesadas estructuras de capitalismo, de consumismo e individualismo.

No es fácil encontrar el balance para enfrentar los miedos que nos paralizan y nos aprisionan. Miedo a emprender, miedo a empezar, miedo a terminar, miedo al éxito, al futuro, a lo que es y a lo que no es. 

Si sabemos que lo único que deseamos fervientemente es vivir haciendo lo que realmente nos apasiona, es esencial desarrollar una buena relación con el miedo. Tomarlo como trampolín y no como verdugo. Lo contrario del temor es el amor y el antídoto del miedo es la acción. Además, al amar lo que se hace y hacer lo que se ama, todo fluye. 

La única certeza en cualquier cosa que emprendamos, será la incertidumbre. Constantemente tocará reinventarse, caer, levantarse, fallar, aprender y volver a empezar. El universo nos necesita amando lo que hacemos, porque como Facundo Cabral decía: el que hace lo que ama, está benditamente condenado al éxito, que llegará cuando deba llegar, porque lo que debe ser será y llegará naturalmente. 

“No hagas nada por obligación ni por compromiso, sino por amor.”

 

Todos tenemos un gran poder: el de tomar nuestras propias decisiones. Sabernos conscientes del libre albedrío nos libera, nos empodera y nos une. Todos compartimos humanidad y la solidaridad nace a partir de poder reconocernos en los demás como seres viviendo una experiencia humana en un mismo maravilloso planeta azul. Somos una gran familia viviendo en una misma casa.

Sea lo que sea que nos mueva, hacer lo que realmente amamos, elevará nuestra vibración. Así, inevitablemente encontraremos en el camino los medios y las personas correctas, en el momento justo.

 

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Texto: Naty Q

 

 

 

 

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