Fue un viaje muy lindo

— Fue un viaje muy lindo, gracias Glory. Dijo hace un año doña Flora, mi madre.

Mamá por elección, eso fue ella -o al menos eso me dijo hace un año- dijo que si volviera a nacer nos hubiera vuelto a parir y dijo que nos amaba a las tres por igual, y yo le creo. Este día de la madre me ha hecho pensar y sentir mucho. Finalmente, los gritos ante la ausencia se ahogan en el eco de la nada (o del todo).

Me siento abrigada por muchas personas con sus maternidades: por la tierra y el mar -que son nuestras mejores madres-, por nuestras maternidades decididas hacia personas, hacia proyectos, hacia ideas, hacia cosas o hacia animales. Me abrigan las mujeres valientes y guerreras que nos parieron con todas las posibilidades o la carencia de ellas. Las que amaron, se enlazaron y las que no tuvieron esa opción y las que quisieron ser madres y se arrepintieron. O aquellas que desean con todas sus fuerzas ser madres y sienten que no pueden. Me abraza el duelo que me enseña con amor.

Por el amor. El amor que nos salva. 

 

No interesa que hoy o mañana sea el día de la madre, la reflexión es la misma: Lo único que cuenta es el AHORA, los ahora que construimos con las personas que amamos, con la familia, pareja(s), compas, conocidos y desconocidos. Con nosotras y nosotros mismos. Es por ello que lo más importante es que nos procuremos con urgencia de esos espacios, los más que podamos. Porque quizá la vida se trate de eso: del amor.

Compartí con mi madre la mitad de la vida que le tocó vivir en esta forma. Agradezco cada pellizco, risa, abrazo, regañada, chancletazo, palabra. Agradezco todo.

¿Y saben algo particular? de todas las situaciones que recuerdo y que me dan fuerza; no recuerdo si tenía kilos de más o si tenía bolsas debajo de los ojos. O si sus senos colgaban, o si sus piernas eran flacas, o si tenía el labio torcido. Recuerdo de mi madre sus hermosas manos que tejían, que hacían unos chiles rellenos espectaculares, que le encantaban los anillos. Recuerdo la forma en cómo se acomodaba su cabello y sus canciones favoritas. Ella no era golosa pero disfrutaba de la buena comida. Llevo en mi piel su sinceridad y la precisión de sus palabras, el apapacho de su cuerpo cuando me abrazaba, el sabor de sus lágrimas cuando lloraba conmigo. El tono de su voz cuando se enojaba y me decía el nombre completo en Do mayor: GLORIANA RODRIGUEZ CORRALES.

Recuerdo que la paciencia no era su fuerte o yo era muy necia.

 

Que duraba horas en escribir un mensaje virtual y que nunca le gustaron demasiado los teléfonos. Curioso que nuestras mejores discusiones eran por religión y se acababan cuando yo le decía que era hermoso pensar que a Jesús lo concibieron en un hermoso orgasmo entre María y José. Bálsamo para mi alma son aún sus remedios, sus historias y sus refranes me acompañan a todo lado. Vive conmigo su amor y el amor no tiene forma, no es bello, solo es. Su amor me acompaña y le agradezco todo. 

Y comparto todos estos recuerdos (re-cuerdos o re-locos) porque en definitiva solo pudieron construirse de la hermosa coincidencia (o escogencia) de habernos topado en este mundo. Así que a abrazar a quien tenemos a la par, o a quien queremos, a procurarnos esos espacios, a construir y a amar, para luego ver que hacemos con la ausencia. A final de cuentas me hace tan feliz que hayamos compartido en el mundo que cada lágrima y cada extrañar valen esa vida. 

No sé si es feliz día, o si usted decida llorar hoy o lo que sea. Pero como dijo Frida: sepa que aquí estoy yo, pensando estas cosas, que le acompaño y que usted me acompaña. 

Y como decía mi madre (pasando el duelo de su padre): 
— ¡Vamos a brindar por lo que sea!

Recuerden que en este momento, hay gente en el mundo haciendo sus duelos. Si alguien cercano se le murió la mamá hace poco y usted quiere comunicarse y no sabe que decir, siga mis instrucciones:

Escríbale un mensaje que diga: Te mando un abrazo grandotototote y punto. La persona se sentirá amada y acompañada por usted. El consolar y acompañar es un arte. No se sienta mal por no saber cómo hacerlo porque en este mundo, nadie nos enseña cómo hacerlo.

Texto por Gloriana Rodríguez Corrales
Foto  por Fabricio Jiménez

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