Perderse para encontrarse

Es sencillo perderse entre múltiples cosas que hacer, metas que cumplir y gente a la que agradar. Es más fácil dejarse caer en el sillón por las noches y prender la televisión o dejar que Netflix haga lo suyo para no pensar. O consumir horas asomados por cualquier ventana virtual, viendo lo que los demás están haciendo. Es más fácil jugar a ser invisible, a que la cosa no es con uno, a dejar que la vida nos aplaste con la eterna paradoja de que nacemos para vivir muriendo.

Es más fácil perderse que encontrarse.

 

Vivimos en un momento de distracción masiva. Consumimos información sin darnos cuenta, sin cuestionar, sin detenernos a pensar cuál es el valor real que agrega a nuestra evolución. Hace unos años, aprendí de un gran maestro lo que yo llamo mi propia regla de tres. Es una poderosa y sencilla herramienta de autoconocimiento que aplica a todo tipo de situaciones, relaciones y aún más, cuando se trata de tomar decisiones.

Consiste en hacerse las siguientes 3 preguntas: ¿Me construye? ¿Me libera? ¿Me alegra? Ahora, si la respuesta es no aunque sea en una de las preguntas: lo mejor es soltar. 

Perderse es alejarse de si mismo, vivir disociado y en eterna comparación con los demás. Es voltear la mirada hacia lo que no duele, hacia lo que nos abriga aunque sea de forma pasajera. Es paradójico tener que perderse para poder encontrarse. Sin embargo, es en los momentos de más oscuridad donde realmente vemos necesario hacer uso de nuestra luz para avanzar.

Encontrarse es tener el coraje de voltear la mirada hacia adentro para enfocarse en lo que hay que sanar, lo que se puede pulir y lo que ya es hora de soltar. Encontrarse no es sencillo, porque hay que confrontarnos, vernos al espejo. Aceptarnos desde un lugar de amor haciendo uso de las herramientas que más resuenen nosotros.

No hay fórmula perfecta para encontrarse, pero es necesario darse a la tarea de reconocerse para reinventarse, las veces que sea necesario. Hay una línea muy delgada entre tomar el rol de víctima o responsable. Decidir cual traje ponernos, definitivamente hará una gran diferencia.

Estamos hechos de átomos, historias y decisiones. Somos una gran familia compartiendo la misma casa. Unos más conscientes de ello que otros, pero al fin y al cabo, a todos nos abraza la misma madre. Cada quien tiene su historia, que construye a partir de las decisiones que toma cada día. Así que, tanto perderse como encontrarse, también es una decisión. 

 

Texto: Naty Q

 

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