21 días de gratitud | día 8 al 14

Esta es la semana 2 del reto de 21 días de gratitud. En estos días, me he permitido ser constante en la práctica de la gratitud. En la importancia de dar y en la capacidad de recibir. También, me he dado a la tarea de concentrarme en los pequeños detalles, en los micromundos sucediendo en cada rincón de la casa y en los eventos de mágica sincronía de cada día. He prestado atención a observar sin juzgar, en mirar a los ojos a todas las personas con las que me he encontrado y decirles mentalmente: gracias. Encuentra la semana 1 aquí.

Algo que llamó mucho mi atención, fue que me percaté de lo dura que estaba siendo conmigo misma acerca de lo que he logrado. Me he estado concentrando demasiado en lo que quiero alcanzar con mis proyectos, que me había olvidado un poco de darme mérito por el camino recorrido.

En esta última semana, me descubrí llenando páginas y páginas del cuaderno-diario que uso para comunicarme conmigo misma. Han brotado ideas nuevas, listas de gratitud, cartas de perdón y hasta notas de amor para mi misma. Desde que tengo memoria, escribir es mi forma de sanar y liberar, mi sana, sana, colita de rana. 

En resumen, he estado el triple de presente. Prestando atención plena en cada acción que realizo, desde caminar hasta lavar los platos. A través de contarles pequeñas historias para acompañar cada afirmación del reto, he ejercitado mi constancia, mi disciplina y sobre todo, no he dejado de maravillarme todos los días del poder sanador de las palabras.

Día 8. Hoy elijo mi derecho a ser libre.

Ser libre para algunos será sinónimo de no estar en la cárcel, o de poder elegir entre chocolate y vainilla, blanco o negro, con azúcar o sin azúcar. 

“Voluntad sin libertad es una palabra vacía, y a su vez la libertad sólo es real como voluntad” decía Hegel. Por lo tanto, todos tenemos el derecho de elegir a voluntad, nuestra libertad. 

Sepamos ser libres, no siervos menguados, repetíamos aburridos desde chiquillos, sin saber que realmente en nuestras manos está, el poder de elegir qué significa ser libres. Hoy, expreso mi gratitud hacia mi derecho de elegir ser libre, tomando responsabilidad de mis propias cadenas.

Día 9. Hoy me siento afortunada (o) y en paz.

Hoy es un buen día para estar en paz, para sentirse afortunado de todo lo que es (y también de lo que no). Estamos justo donde debemos estar y si no estamos a gusto, tenemos la capacidad de movernos.

Día 10. Hoy elijo vibrar desde la gratitud

La primera acción que realizamos cada mañana, define el resto del día. Básicamente, nuestro destino está en nuestras manos. Usamos las manos para interactuar con el mundo de muchas maneras. Las manos, son una extensión de nuestro corazón. Hoy, obsérvenlas, agradézcanles lo fácil que es la vida gracias a ellas. Hay manos que escriben, que crean, que sanan. Manos que cocinan, que cosen, que dan y que reciben.

Al abrir los ojos por la mañana, lleven sus manos al corazón y repítanse las veces que creas necesario: Hoy elijo vibrar desde la gratitud. El poder de la sabiduría, la abundancia y la creatividad está en mis manos. La gratitud es la actitud, y aunque amanezca nublado, siempre habrá mínimo 10 cosas por las cuáles agradecer.

Día 11. Hoy me amo y me acepto tal como soy.

El amor empieza en casa, por nosotros mismos. El amor no depende de una pareja, amigos o familia. El amor somos nosotros y el amor nos hace a todos.

Me llama la atención como los últimos meses del año es “temporada alta” de bodas. Los que deciden unir sus vidas, usualmente elijen estas fechas para celebrar el evento. Una vez, leí en un artículo de opinión que decía que los individuos que forman una pareja deberían ser como las columnas de un templo: que aunque separadas una de otra, sostienen fuertes y de forma equitativa la estructura de un mismo techo.

El amor incondicional empieza en cada uno, amándose y aceptándose a sí mismo para toda la vida. Después, cuando aprendamos a amarnos con locura, aparecerá algún otro loquillo que también se ame y se acepte. Así, podrán ser dos fuertes columnas de un mismo templo, por el tiempo que así lo decidan.

Hoy, díganse primero a sí mismos: me amo y me acepto tal como soy, sin que nos aplaste ninguna estructura que dicta lo que es bello o lo que no. Todos somos únicos y perfectos.

Día 12. Hoy todos mis actos atraen abundancia.

Cuando pensamos en abundancia, generalmente pensamos en dinero, billetes que se puedan intercambiar por comida, objetos, experiencias. La abundancia empieza en la mente. Está en la mente. Una mentalidad enfocada en la carencia, siempre verá lo que no hay en vez de lo que si hay.

La abundancia no está en las posesiones, ni en los papelitos de colores que llegan cada quincena a manera de intercambio por nuestro tiempo, nuestros servicios o productos. Una mente en abundancia agradece lo que hay, lo que es y confía en el proceso.

Una mente agradecida, crea una realidad abundante, disfrutando la magia de cada momento, amando lo que es y no lo que falta. Tengan presente que entre más gratitud practiquen, más abundancia van a experimentar.

Día 13. Hoy elijo perdonar y perdonarme.

Perdonar no es olvidar o echarle tierra a la situación (o a la persona) o meter el dolor bajo la alfombra. Perdonar es recordar sin amargura. Es dejar ir y vivir el proceso de sanarse a si mismo.

Shakespeare dijo: la ira es un veneno que uno toma esperando que muera el otro. También lo es el resentimiento, el rencor y el apego a lo que pudo haber sido y no fue.

La gente no nos hace cosas. Todos tenemos el grandioso poder del libre albedrío. Por lo tanto, está en cada quien elegir si lo que las personas hacen, nos afectan o no. Nos envenenan o no. Nos detienen o no. Nos pesan o no.

Hoy, elijan perdonar y perdonarse. Con gratitud agradezcan las lecciones aprendidas y dejen ir. Tanto el resentimiento como el apego, puede llegar a aplastar alma y cuerpo. Permítanse perdonarse a si mismos de lo que hicieron o de lo que no hicieron. Ya pasó.

Lo único que importa es el ahora, lo que es y lo que se puede hacer a partir de ya. ¿Acaso los ríos detienen su cauce? Todos somos ríos que fluyen hacia el mismo mar.

Día 14. Hoy me elijo a mi misma (o).

Si les preguntan ¿qué es lo que más aman en la vida? casi que automáticamente empezarán a enumerar que la familia, la pareja, los hijos, las mascotas, los atardeceres, la lluvia, los chocolates. En fin. He hecho este ejercicio de preguntarle a la gente que es lo que más aman y tal vez 1 de 10 personas, responde firme y sin dudar: — ¡A mí! lo que más amo en la vida, soy yo. Para mi, ese 1 de 10, lo ha entendido todo. 

Una de las programaciones más comunes y limitantes que guardamos en nuestra mente, es la de que ponerse en primer lugar es egoísmo y que ser egoísta es malo. De que el amor está afuera: en otras personas, en una pareja, en una religión. Que poniendo la otra mejilla somos humildes, abnegados, bondadosos.

Cada quien tiene el derecho de formar sus conceptos y vivir su vida como mejor lo sienta. Sin embargo, ¿cómo podemos dar amor si no nos amamos a nosotros mismos? Es como querer verter desde un recipiente vacío. Si nuestra fuente está seca, no habrá nada que podamos dar a los que decimos que amamos. 

Elegirse a a si mismo no es un acto de egoísmo, es un acto de amor. ¿Por qué? Porque al elegirme yo primero podré aprender que soy capaz de amarme y respetarme. Al despertar la compasión por mi propio ser, estaré anuente y listo para ver en los demás lo que puedo ver en mi. 

En el camino de elegirse a si mismo, encontraremos personas que no estén de acuerdo y nos tachen de egoístas. Que intentarán persuadirnos y hacernos sentir culpables. Tengan presente que cada quien habla desde su realidad y de lo que abunda en su corazón. Elegirse a si mismo no es egoísta, al contrario. Estás  decidiendo brillar para iluminar a otros, sanar para acompañar, estar fuerte para ayudar en el camino de elegirse a si mismo se irán personas, hábitos perjudiciales y pensamientos corrosivos.

Elijanse a si mismos sobre todas las cosas, que para amar a los demás, hay que primero amarse a a si mismo. 

 

Texto: Naty Q

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