7 valiosas lecciones que me dejó el año 2017

Obviamente, yo no olvido el año viejo, porque me ha dejado cosas muy buenas. Pero no me dejó una chiva o una burra negra, ni una yegua blanca y por dicha, ya tengo una buena suegra. 🙂

Lo que me dejó este año, fue una dosis intensa de aprendizaje. Recordatorios diarios de que la vida no es más que un sueño. De que crecer duele un poquito, pero es justo y necesario. De que nadie se baña dos veces en el mismo río (lo dijo Heráclito, no yo) y de que lo único constante es el cambio.

Aprendí que vivir, es fluir.

Este año empezó volteándome la vida al revés. El paso efímero de una estrella fugaz me mostró que era hora de avanzar. Pero primero, tuve también que perderme para encontrarme, soltar para recibir, reformular para materializar y contar para sanar.

Esta es la última entrada del año en el blog, que ha ido evolucionando de forma orgánica, reinventándose y simplemente fluyendo a su ritmo. Hoy, honro mi proceso haciendo un recuento de las lecciones más valiosas que me dejaron estos 365 días. En realidad, son muchas muchas muchas más, pero el 7 es uno de mis números favoritos. Así que, aquí van.

Las siete valiosas lecciones del 2017:

1. Desapego: Este año, la vida misma me empujó a desapegarme de expectativas sobre proyectos, personas, situaciones, sueños y hasta de cosas materiales. Empecé el año mudándome a una casa nueva, solo con lo básico. Dejé ropa, muebles y hasta libros atrás. Mi alma estaba urgida de un comienzo fresco, un nuevo escenario. En estos meses, experimenté en carne propia lo que dice una conocida frase budista:

“La raíz del sufrimiento es el apego.”

Una vez que logré desligarme conscientemente de la necesidad de etiquetarlo todo como bueno o malo o mío o de alguien, el “sufrimiento” se desvaneció. Entendí que todo pasa por una razón y que, aunque en el momento sea difícil de entender, el tiempo se encarga de revelar exactamente lo que debemos aprender para crecer.

2. Todos somos maestros: Como educadora, nunca estuve cómoda con el sistema educativo formal, ni tampoco me atraía la idea de una “plaza fija” en el gobierno. A mi alma siempre le ha resultado imposible poner energía en algo que no vibre en todas las fibras. Por lo tanto, durante todos estos años me he dedicado a explorar el placer de enseñar y compartir desde una perspectiva más integral. A la conclusión a la que siempre llego es a la siguiente:

“Cuando la lección es aprendida, el maestro sale de la vida”

Este año recordé la importancia de sabernos todos maestros y aprendices. Nadie nos abandona. Simplemente cuando aprendemos la lección, pasamos a la siguiente. Es el ciclo natural DEL TODO.

3. Resiliencia: Ser resilientes es la capacidad de adaptarnos a cualquier situación, así sea adversa o favorable. Nosotros mismos somos quienes nos encargamos de etiquetar las cosas como buenas o malas o lindas o feas. Por lo tanto, la capacidad de reacción frente a lo que sea, no depende más que de cada uno. Además, esto:

“La resiliencia no es resistencia.”

La resiliencia es fluir con lo que venga, aprender la lección, honrar al maestro, desapegarse del resultado y sobre todo: Agradecer. Siempre agradecer.

4. La gratitud es la actitud: Entre más gratitud practiquemos, más abundancia experimentaremos. La gratitud mantiene nuestros pies sobre la tierra. Nos permite tener una visión real de todo lo que es, lo que hay, quienes realmente somos y cómo podemos servir a la humanidad.

“Quien es agradecido, será siempre bendecido”

La gratitud es indudablemente uno de nuestros poderes. Este año hicimos un reto de 21 días de gratitud que me ayudó de formas inimaginables a enraizar mi propósito y a enfocarme. Se los dejo por aquí.

5. Intención con dirección: Para lograr cualquier objetivo, no basta con pedir, creer y recibir. El camino hacia la manifestación consciente comienza precisamente por definir ¿qué es lo que realmente queremos? La intención es como una flecha. Si la lanzamos con dirección, aumentarán las posibilidades de dar en el blanco.

“Si no sabemos hacia dónde vamos, terminaremos en cualquier lugar.”

Este año me di a la tarea de definir lo que REALMENTE quería, entre tantas cosas que quiero hacer, a la misma vez. Gracias a una maestra que llegó a mi vida a principios de este año, tomé el coraje que me faltaba para quitarme el miedo a escribir. Porque eso es lo que siempre he hecho, es lo que soy. Desde que tengo memoria escribir ha sido mi lenguaje, mi medicina, la música de mi alma.

Ya ven, hoy estoy aquí haciéndolo y ustedes leyéndolo. Gracias <3

6. Vivir sin miedo: Si no es amor, es miedo y el antídoto del miedo es la acción. Aprendí a reconocer que muchos de los miedos que cargamos, no nos pertenecen. Han sido grabados en nuestras células incluso sin darnos cuenta.

“Es mejor actuar desde el amor y no desde el temor.”

Las grandes o pequeñas acciones son las que despejan el camino para poder seguir avanzando en nuestra propia senda. Vivir sin miedo es actuar, es tomar decisiones, es vivir consciente de que el miedo no existe cuando hay amor y viceversa. Me quité de encima el miedo a emprender, el miedo a escribir, el miedo al rechazo, el miedo al fracaso y hasta descubrí que tenía miedo al éxito. Así que aprendí que: No hay nada que perder y mucho que ganar cuando se vive sin miedo.

7. Emerger para converger: No se puede verter de un recipiente vacío ni recibir con las manos cerradas. Este año, después de explorar, abrazar y aceptar mi propia sombra, decidí emerger para poder converger.

Entendí que todo fluye cuando nos permitimos ser quienes realmente somos. Cuando dejamos que la intuición participe de forma activa en todas las decisiones que tomamos. Se trata primero de SER y después, HACER. Por lo tanto, visualizo un 2018 lleno de convergencias, colaboraciones, proyectos y por supuesto, muchas lecciones.

Que la pasen lindo, un abrazo enorme y gracias de nuevo por estar por acá.

Texto por Naty Q.
Fotos por Fabricio Jiménez

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