Nuestra historia: Todo se fue dando

Estaba acostumbrada de entablar relaciones donde todo era un “corre corre”. Frases como “no hay tiempo”, “estoy muy ocupado”, “no puedo”, “que pereza” era pan de cada día y no se disfrutaba el presente. Estaba llegando a mi límite con este tipo de noviazgos. Ya no quería hacerme la víctima ni mucho menos seguir sufriendo.

La primera vez que lo ví fue en una clase de contact. Esa vez interactuamos muy poco, pero no olvido su mirada. Me daba curiosidad su semblante tan serio.  En otra ocasión, recuerdo que me percaté de su presencia haciendo Yoga en el parque España una mañana de Sábado. Yo estaba delante de él. No nos saludamos, pero sabíamos que nos habíamos visto en otro lado. En ese momento yo tenía novio.

Por fin, el día que nos conocimos formalmente, fue en el grupo de danza contemporánea de Prácticas Artísticas de la UCR (Danzú). Ibamos a presentar un montaje en Noviembre y se necesitaban hombres bailarines, así que Mike se integró al grupo. Después de uno de los ensayos, Mike me propuso que practicáramos “alzadas”. Al fondo sonaba la canción “Alfonsina y el mar”, cantada por Mercedes Sosa y fue sencillamente mágico.

Danzamos el presente. 

Recuerdo que le agradecí tanto por ese momento de des-conexión. Salí con una energía muy positiva y de agradecimiento absoluto.

En otra ocasión, el grupo tenía una presentación en el edificio de generales. Los únicos que podían asistir éramos él y yo. Danzamos una vez más. Nunca había sentido una conexión tan hermosa por alguien al bailar. Recuerdo que mi cuerpo temblaba. Después de bailar, compartimos un almuerzo y ahí nos empezamos a conocer más.

Una noche, después de una presentación en el Museo de Arte, bailamos con música en vivo en la azotea, bajo el cielo estrellado. La noche transcurrió y terminamos bailando en la Alianza Francesa. Bailamos, conversamos y fuimos a caminar. Al llegar al parque Morazán, él intentó besarme. Lo esquivé, pero me abracé a él. En ese momento le conté que me encontraba en una relación que no iba muy bien. Era claro que todo fluía de forma maravillosa. Se nos hacía fácil disfrutar, conversar y ser nosotros mismos.

Diciembre llegó.

Decidí que era momento de disfrutar, de fluir con la vida. Que podía ser feliz sola y que ya llegaría el momento de compartir mi felicidad con alguien más. Tenía claro que ya no me quería sentir mal, así que finalicé aquella relación. Era lo mejor, en ese momento estaba en un proceso de cambio de perspectiva en mi vida. Me permití disfrutar de las cosas simples, de sanar con amor mi pasado soltando viejas heridas para darle espacio al amor propio.

Al comenzar el nuevo año volví a encontrarme con Mike. En un curso de verano, él necesitaba una modelo para su proyecto. Una amiga había acordado ayudarle, pero a última hora no pudo asistir. Así que me propuso tomar su lugar. Acepté. Durante este proceso Mike fue muy respetuoso y profesional. Después de la presentación, fuimos a celebrar el reencuentro, me invitó a una birra y conversamos de la vida.

Mike me hizo una propuesta poco convencional: mantener la relación que teníamos siendo libres. Ese día no le di una respuesta. Yo tenía miedo a enamorarme. Yo realmente quería amar sin importar el qué dirán o si iba a calzar con las expectativas de mi familia, amigos y de la sociedad. Dentro de mí, sabía que con él podía tener una relación sana, sin temor a dar y recibir.

Una tarde de Sábado fuimos a tomar un café y conversamos. Había un concierto de Sonámbulo en el parque Nacional y ahí nos besamos por primera vez. Supe en ese instante, entre la gente y la música que quería compartir mi presente con él, volar a su lado. Fue una noche maravillosa y desde entonces somos compañeros.

Así fue como la palabra Amor fue tomando una connotación de libertad, igualdad, desapego, aprendizaje, crecimiento, aceptación, respeto, ver la esencia del otro, el arte de la persona, su luz y energía. Me permití no tener expectativas. La vida me ha enseñado que todo fluye de la mejor manera viviendo el presente. Así es nuestra relación.

Somos dos locos enamorados de la vida. Somos unos “gatos come cariño”.

 

Texto por Amelia Sanchez.


 

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