EMPATÍA NO ES SIMPATÍA

La empatía es la capacidad que todos tenemos de conectar de forma respetuosa con los sentimientos y necesidades de los demás. Por otro lado, la simpatía es un sentimiento casi instintivo de querer brindar afecto o consuelo, ante lo que la otra persona está viviendo.

La simpatía puede ser igual de honesta y comprensiva que la empatía. Sin embargo, la empatía es mucho más profunda, ya que surge de una conexión directa con nuestras propias emociones. La empatía se basa en la escucha activa, la observación y el respeto hacia la postura de la otra persona, sin juzgar.

No es lo mismo empatizar con una persona que acaba de ver morir a su papá, a simpatizar con un compañero del trabajo porque también le gusta escuchar Led Zeppelin. Simpatizar es compartir valores, aficiones o coincidir en opiniones. Empatizar es expresar respeto hacia las emociones, las diferencias y situaciones.

La empatía forja una conexión significativa, al servir como un puente para mejorar la comunicación entre dos personas.

En los últimos tres años, experimenté en dos ocasiones el dolor que un diagnóstico como “huevo muerto retenido” puede causar. Actualmente, puedo decir que ya me siento lista para hablar al respecto e incluso llamar las cosas por su nombre: Tuve 2 abortos involuntarios y me sentí sumamente triste.

Ahora, mi intención con escribir sobre esto no es evocar el dolor que sentí, o inspirar compasión o ventilar mi vida privada. Lo que quiero apuntar con esto es que, a partir de esos eventos, me di cuenta de la necesidad urgente que todos tenemos de ampliar nuestro vocabulario emocional y aprender a comunicarnos de manera empática.

Por ejemplo, estos son algunos de los comentarios que recibí de parte de conocidos, familiares y amigos:

“Bueno, por lo menos ya saben que vos y tu esposo pueden concebir y no son estériles”.

“Ya vas a ver que en la próxima si lo logran. ¡A seguir practicando!”

“Siento mucho lo de tu pérdida, pero mirá, yo conozco a muchas mujeres que pasaron por lo mismo y los doctores dicen que es totalmente normal”.

“Tranquila, vas a ver que todo pasa”.

“Por dicha están jóvenes todavía. ¡Van a ver que la tercera es la vencida!”.

Claro, lo anterior suena a palabras normales de aliento. Además, no dudo que todas esas personas tenían la mejor de las intenciones. Sin embargo, en ese momento, yo lo que necesitaba era que me escucharan y me abrazaran. Punto.

En situaciones así, brindar un consejo, consuelo o nuestra simple opinión, es absolutamente innecesario. Lo que mejora la situación, es la conexión, la presencia y la escucha amorosa.

 

La empatía sucede cuando nos liberamos de forma consciente de la necesidad de brindar un consejo elocuente.

 

Si nos detenemos a analizar cómo es nuestra capacidad de escucha, es probable que reconozcamos una tendencia a dar consejos, a tranquilizar o a explicar cuál es nuestra postura al respecto. Poder concentrarse en los sentimientos y necesidades del otro, es difícil cuando lo que nos han enseñado es a sentirnos responsables de los demás y a tomarnos las cosas de manera personal. Sin embargo, siempre podemos desaprender para aprender.

Según Holley Humphrey, educadora y alumna del Dr. Marshall Rosemberg, creador de la CNV, algunas de las conductas habituales que nos impiden estar presentes al escuchar a alguien más son:

Aconsejar: “Creo que deberías…”, “yo en tu lugar…”, “yo diría..”

Comparar: “Claro te entiendo, mirá cuando a mí me pasó….”

Aleccionar: “Al menos esto te sirve para una próxima vez”.

Consolar: “No te preocupes. Ya pasará”

Minimizar: “A seguir adelante, no es para tanto”

Compadecer: “¡Ay, pobre, cuánto lo siento!

Marshall Rosenberg decía que resulta más difícil empatizar con nuestra gente más cercana. Todos hemos experimentado la necesidad de querer “hacer algo” por los que amamos. Pero, ¿Se han preguntado de dónde viene esa necesidad?

La necesidad de consolar, puede ser una forma de aliviar nuestra propia ansiedad ante lo que la otra persona está viviendo. Consolar o dar un consejo, nos impide escuchar con atención plena. Dejamos de estar presentes. En el momento que entendemos que podemos escuchar sin juzgar y prescindir del impulso aprendido de dar una opinión, es cuando la magia de la empatía sucede.

He aprendido que la empatía es realmente un puente mágico. Ser empático, requiere escuchar en atención plena, para lograr comprender realmente lo que alguien más está viviendo. Liberémonos de la necesidad aprendida de tener una respuesta para todo.

Escuchar es un acto de amor y todos merecemos ser escuchados sin ser juzgados.

 

 

 

Texto Naty Q.
Foto: Fabricio Jimenez

 

 

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