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Acerca del 2018: Las lecciones más valiosas de un año revoltoso

Este año no me dejó ni una chiva, ni una burra negra, ni una yegua blanca y por dicha, ya tengo una buena suegra. Lo que si me dejó, fueron nuevas e intensas dosis de autodescubrimiento, desaprendizaje, aprendizaje y auto conexión.

Cada año que pasa en el calendario gregoriano y cada revolución solar que sumo, me brindan una visión más amplia y clara del mapa a seguir en esta experiencia humana. Cada vivencia, cada encuentro -y también cada desencuentro- son parte esencial de recordar que para mí vivir, es fluir.

Más que aprender, es recordar.

En mi proceso de recordar cada día cómo entregarme confiada al flujo de la vida, encuentro mi propósito de compartirlo a través de mi labor con VEF.

Este año, pude ver de manera aún más clara, que los humanos no necesitamos ser salvados ni rescatados. Lo que necesitamos es recordar nuestro propio poder para reconectar con nuestra propia sabiduría interna.

Indudablemente, para lograr recordar lo que nuestra alma ya sabe, nos necesitamos unos a otros con el corazón abierto a vivir en comUNIDAD.

Hoy, al igual que la publicación del año pasado, quiero compartirles un recuento de las lecciones más valiosas que me dejaron estos 365 días, 8760 horas, sobre este hermoso planeta azul. Aquí van:

ACERCA DEL CUERPO

En estos últimos meses me he descubierto muchas veces diciéndome a mí misma:

“Si ya lo supiera todo, no necesitaría un cuerpo humano. Sería éter”.

Y así es. Porque todas y todos estamos en constante aprendizaje y desaprendizaje, construcción y deconstrucción. Somos almas que habitan un cuerpo físico, un vehículo complejo pero maravilloso.

Este cuerpo que camina, habla, siente y sueña en esta realidad dual, no es más que la capa densa que nos permite experimentar la vida a través de los sentidos.

Pero yo no soy mi cuerpo, ni mi apariencia, ni mi contextura ni mi estatura.

Este año, logré interiorizar que la desidentificación es lo que me conduce a la aceptación.

Cuando me identifico con mi cuerpo, mis pensamientos o mis acciones, me convierto en las circunstancias transitorias de mi vida. Sin embargo, cuando me permito observar mis pensamientos, mis sentimientos, mis reacciones y mis acciones, soy capaz de poner distancia entre lo que soy y lo que no soy.

Mi única responsabilidad con mi cuerpo es cuidarlo, hidratarlo, respetarlo, aceptarlo incondicionalmente y agradecerle cada día por ser el medio para vivir mi experiencia humana.

Conectar de forma auténtica con la certeza de que mi cuerpo físico tiene fecha de expiración, me ha brindado una paz insondable, algo que no había experimentado antes.

La auto conexión y la no identificación con mi cuerpo me libera y me nutre. El apego hacia él me limita y me drena.

ACERCA DE SER VISTA

La necesidad de ser vistas y vistos, es la necesidad más humana de todas.

Desde que dejamos la comodidad del vientre materno, el instinto de supervivencia se activa para hacer lo que está a nuestro alcance para que nos vean.

Instintivamente asumimos que sobrevivir en el mundo exterior, dependerá de que los demás noten nuestra presencia. Necesitamos que nos cuiden, nos amen, nos acepten, nos abracen, que nos vean. «Si no me ven, no sobreviviré».

Al crecer en un sistema que se rige bajo el paradigma correcto-incorrecto, aprendemos a condicionar nuestro comportamiento para agradar a los demás, aunque eso signifique no ser quienes realmente  somos.

¿Recordás quién eras antes que la sociedad te dictara cómo debías ser?

Dejarse ver no es fácil. Quitarse el disfraz, la máscara, la armadura, nos coloca en una posición de vulnerabilidad siempre. Sin embargo, vivir intentando complacer a todos es sencillamente agotador.

Este año, conecté con la importancia de conectar y mostrar mi ser auténtico, sin temor a las reacciones o a mis propios juicios y los de los demás.

Recordé que vine a este planeta a servir, a divertirme, a desaprender para aprender, a sentir sin temor a ser rechazada, juzgada o señalada.

Dejarse ver, es dejarse querer.

ACERCA DE LA SORORIDAD

La sororidad es un término derivado del latín «soror» que significa hermana. La sororidad se refiere al apoyo, coexistencia y solidaridad entre mujeres.

Por siglos hemos vivido bajo las estrategias opresoras de control, separación y miedo que nos dicta el patriarcado.  

Quienes aún usan la palabra bruja de forma peyorativa, son los mismos que se han sentido amenazados durante siglos por la fuerza transmutadora y creadora que tiene una mujer consciente de su poder.

La madre tierra necesita a sus hijas unidas.

Una mujer sabia y consciente de su poder, acepta lo que la vida le entrega sin etiquetarlo como bueno, malo, correcto o incorrecto. Una mujer consciente, sabe que tras cada experiencia o persona que entra en su vida, yace una valiosa lección por ser aprendida.

Nuestro mayor reto como mujeres en una sociedad patriarcal, es desvincularnos del role de criaturas dóciles y del deber idealizado de salvadoras mártires, sacrificadas.

La sororidad hay que vivirla, dijo mi amiga Ana Lú en una publicación en Instagram. Es nuestra decisión como humanas hermanas, mantenernos despiertas y conectadas con la fuente de providencia para levantarnos unas a otras.

Les deseo un nuevo año lleno de aprendizaje, desaprendizaje, construcción, deconstrucción, discernimiento, lecciones valiosas, mucha consciencia, empatía y resiliencia para fluir con la vida.

Naty Q.

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